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jueves, 16 de enero de 2014

Testimonio Anonimo N°2: Sin palabras ...


He quedado muda, muchas veces, frente a las acciones de mis familiares agresores. Saber que ahora es un delito me ayuda a continuar con la frente en alto; mientras ellos son delincuentes.
 Pero no es una forma de vida que quisiera para mis hijos. Por años escapaba de ellos viajando, yendo y viniendo. La primera vez escapé a los fiordos de Finlandia, alquilé una cabaña muy modesta en un lugar frío y solitario; entré en aquellas aguas heladas, turbulentas. Viví como un asceta hasta recordar todas las escenas que había olvidado para protegerme a mi misma. Recordé hasta mi mismo nacimiento y hasta antes de nacer. Desde entonces tengo memoria. Desde entonces sé quien soy. Y desde entonces la maldad, la ignorancia y la envidia, de quienes me perseguían, son enfermedades que persiguen a personas que en el pasado quise mucho; los quise, los amaba, porque no sabía con certeza quienes eran. Lo triste de la condición humana, es que la mayoría de las personas creen que pueden hacer el mal gratuitamente por siempre; y eso no es así, un día pagarán su precio: Algunos pagan al contado, otros en cuotas, algunos al principio y otros al final. Pero quien deliberadamente infringe daños sobre los demás pagará siempre, porque simplemente la vida le cobrará sola, sin que nadie mueva un dedo. Sin que nadie diga una palabra ...

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